Jugando a aprender

–          Hacemos que aprendemos?
–          Vale. Cómo se juega?
–          Yo te pregunto una pregunta y tú tienes que contestarme lo que yo te diga
–          Igual, igual?
–          Sí, igual, igual
–          Qué aburrido! Y para qué sirve?

Para tranquilizar las conciencias. Para evitar que los niños y niñas usen sus palabras y nos demos cuenta que siguen con sus propias ideas a pesar de nuestras explicaciones. Para barnizar un sistema que no va. Para justificar que nada cambie. Para mantener un autoengaño que nos permita vivir en la incoherencia.

Yo pregunto que queréis saber de un animal y me contestáis cómo es, qué come, dónde vive…. porque si me preguntáis cómo se aguanta la Luna o cómo le salen las raíces a una lenteja si está cerrada o por qué no nos caemos cuando la Tierra nos pone boca abajo en el espacio…. haré que no os he oído, porque todo eso no sale en los libros.

Yo pregunto las partes de la flor y me respondéis con estambres y pistilos porque si os doy una manzana para que penséis qué parte de la flor ha desarrollado cada una de las partes de la manzana podrían salir muchas dudas y no tocan.

Yo os pregunto cómo se alimenta un feto y me respondéis a coro “por el cordón umbilical” porque si os propusiera reconstruir con materiales lo que pasa en el interior de una madre podría comprometer mi estatus de enseñante-que-todo-lo-sabe.

Yo os doy una pauta de informe de laboratorio y vamos rellenando el formulario todos juntos, no vaya a ser que acabéis poniendo en las conclusiones aquello que os ha salido en lugar de aquello que tenía que salir.

Es el juego de enseñar, donde poco o nada se aprende. Un juego que se juega en demasiadas aulas, un juego que desgasta, que malgasta, que corroe, que apolilla, que carcome, que enmohece, que marchita las neuronas de puro aburrimiento.

Si somos honestas con nuestro compromiso como enseñantes, debemos evitar el escondernos detrás de la superficialidad, y buscar la manera que nuestros niños y niñas aprendan pero de verdad, preguntando con sus palabras, expresando sus maneras de pensar con sus cien lenguajes, contrastando sus ideas con el mundo, compartiendo significados y emociones, ….

Y nosotras a su lado.
Montserrat Pedreira

 

Pedreira, M. ( 2006 ) Jugar a aprender. Cuadernos de Pedagogía, 353

 

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