Intervención psicológica en la diabetes

Al abordar las estrategias psicológicas frente a la diabetes, la primera cuestión importante es que a la persona que se le diagnostica esta enfermedad debe afrontar que es una enfermedad que no tiene cura, es una enfermedad crónica y que por tanto afecta al bienestar de la persona.

 

A partir del momento en que se produce el diagnóstico el principal objetivo debe ser mejorar la calidad de vida del paciente. Este objetivo implica la información y educación sobre qué es la diabetes, así como talleres psicoeducativos sobre el tratamiento médico.

 

El tratamiento médico se cumple en su totalidad, pero con frecuencia se descuida la parte psicológica.  Al hablar de los factores psicológicos que influyen en la diabetes debemos hacerlo teniendo en cuenta tres niveles: el cognitivo, el conductual y el afectivo.

 

El primer nivel nos indica lo que piensa el paciente acerca de su enfermedad, de que información dispone que le puede llevar a preguntarse cuáles son las causas, cómo le va afectar, que influencia va a tener en su vida, y si puede hacer algo para disminuir los riesgos.

 

Las ideas preconcebidas, las creencias, son importantes, porque van a influir a la hora de implicarse en el tratamiento, de actuar de una manera u otra. Se puede tener una actitud pasiva, es decir dejar todo en manos del médico o de la enfermera, a los que se acude cuando se sienten mal o se tienen recaídas, y confiar que todo lo puede “arreglar la medicina”.

 

Pero se puede tener, y es lo deseable, una actitud activa, lo que implica comprometerse a cambiar el estilo de vida, adoptar hábitos saludables y a ser responsable de su conducta.

 

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En el nivel afectivo, están las emociones, es decir, las reacciones emocionales ante la enfermedad y sus consecuencias. Es fundamental el saber gestionar estas emociones, ya que ayudarán a afrontar  el cumplimiento terapéutico. Entre las principales emociones se encuentran el miedo, la ansiedad, la vergüenza, la culpa, la ira, depresión…  Estas emociones aparecen tanto el momento de recibir el diagnóstico como a lo largo del proceso.  El papel de la familia y el entorno social es importante, ya que a veces son fuente de estrés.

 

En cuanto al nivel conductual, aquí entraría el cuidado de uno mismo: cómo afrontar las situaciones estresantes o las crisis (hipo e hiperglicemias). También en este nivel entra la comunicación con el médico, el cambio de hábitos, la actividad física…

 

La manera de afrontar la situación depende del tipo de personalidad, de cómo a lo largo de su biografía esa persona ha afrontado las frustraciones o los conflictos.  La respuesta que se dé a estas situaciones puede ser más o menos adaptativa y algunas pueden ser patológicas. Algunos autores aseguran que el estilo de afrontamiento es el factor principal para la adaptación del paciente. Las estrategias efectivas pueden proteger de los efectos adversos del estrés y, por lo tanto, se relacionan con la adaptación psicosocial y con la salud física y mental.

 

En definitiva, nos indicarán la capacidad de adaptación de esa persona. Este es un punto fundamental, ya que el tratamiento de la diabetes es complejo, y como venimos indicando requiere de la participación de la persona afectada, que está en una situación de vulnerabilidad, y con importantes e intensas alteraciones emocionales, la mayoría de las cuales tienen su origen en la no aceptación de la enfermedad por parte del enfermo y de la familia. La enfermedad supone un cambio que afecta a diversas esferas de la vida del paciente, que deberá introducir nuevas conductas que disminuyan los factores de riesgo asociados a su patología. No es fácil a aprender a convivir con una enfermedad crónica con posibles complicaciones graves, a veces con hospitalizaciones, y a tener que asumir una enorme responsabilidad de los cambios de hábitos.

 

Vamos a realizar un breve repaso de las principales emociones que aparecen al recibir el diagnóstico de diabetes.

 

  • Negación: La sensación de incredulidad, también pensar que el diagnóstico es incorrecto, que hay un error. La negación también puede ocurrir más tarde, cuando el paciente ha progresado, pues la información y los cambios de estilo se tornan una carga demasiado pesada de sobrellevar, por lo que se retoman comportamientos que se tenían antes del diagnóstico.

 

  • Miedo: El miedo se traduce en pensamientos del tipo ¿cómo afectará a la mente y a mi cuerpo? ¿Es grave? ¿Cómo afectará a mi vida diaria, mi trabajo, etc? ¿Complicaciones? Es muy importante la información y la formación sobre la enfermedad. Cuánto más se sepa, más fortalecida estará la persona para cuidarse mejor y mejorar su plan de éxito.

 

  • Culpa: Esta emoción viene dada cuando la persona siente que por tener hábitos no saludables ha propiciado la enfermedad. Se tiene el convencimiento que ha “dañado” su salud. La forma de afrontar la culpa es el mecanismo de reparación, mediante un cambio en su comportamiento se trata de reparar, con nuevos hábitos, el daño infringido.

 

  • Ira: ¿Por qué a mí? Este es el pensamiento que emerge cuando la ira, el enfado, se manifiestan al conocer el diagnóstico. También enfado, por tener que cambiar de estilo de vida, de afrontar nuevos comportamientos.

 

  • Confusión: El paciente se ve abrumado, demasiadas  cosas que controlar, demasiados cambios. Dietas, ejercicio físico, control de niveles de glucosa, medicamentos. La persona se pregunta cómo volver a llevar una vida normal con todas estas cosas que controlar. La forma de afrontar este tipo de ansiedades es la organización, planificación, orden.

 

  • Depresión: La enfermedad es una pérdida de salud, y toda pérdida conlleva trastornos del ánimo. Los estados depresivos, la tristeza, la pena, son frecuentes al recibir el diagnóstico de la  enfermedad.  Según algunos estudios las personas diabéticas tienen el doble de posibilidades de sufrir depresión con respecto al resto de la población.

 

En cuanto al tratamiento, estos pacientes tienen el derecho y el deber de tomar importantes decisiones sobre sus cuidados y tratamiento, en términos de corresponsabilidad en el pacto terapéutico a establecer entre el paciente y los profesionales sanitarios que lo atienden.

 

El abordaje terapéutico  se puede hacer tanto desde lo individual como desde lo grupal. Cualquier de los dos deben incluir formación sobre dietas, administración de insulina, hipo e hiperglicemias, etc.

 

La intervención grupal combina presentación didáctica y exploración emocional (Psicoeducación relacionada con su patología orgánica,  la ansiedad y depresión). Entre sus objetivos están:

 

 

  • Ofrecer información y clarificar dudas en torno a la Diabetes : Alimentación, Ejercicio físico, Hábitos tóxicos, Autoanálisis, detección y manejo de la hiper-hipoglucemia, Administración de insulina y Adherencia al tratamiento farmacológico

 

  • Ofrecer información en torno a las alteraciones emocionales más frecuentes que comporta la enfermedad y crear un espacio que permita afrontarlas y elaborarlas

 

  • Favorecer la exploración y análisis de las dificultades para el cumplimiento terapéutico y trabajar los conflictos que aparecen

 

  • Fomentar la ayuda mutua

 

  • Disminuir los costes sanitarios

Las intervenciones grupales  -Grupos Psicoeducativos- proporcionan un espacio de contención  de los aspectos emocionales implícitos, favoreciendo  un abordaje integral y mejorando la adherencia.  Es un modelo eficaz ya que facilita la identificación con “iguales” mediante la resonancia, posibilita el consejo pedagógico de otros compañeros y optimiza los recursos asistenciales.

 

En las enfermedades crónicas,  los grupos psicoeducativos  son un tipo de intervención que se enmarca  dentro de las estrategias del Programa de Prevenció i Atenció de la Cronicitat (PPAC) y coherente con su misión: mejorar la atención a las personas, estableciendo un modelo de atención sanitaria y social que responda con calidad y sostenibilidad, a las necesidades del paciente crónico y sus familiares. Fomentar la autonomía de la persona en el proceso de tener cuidado de su salud. Dar respuesta adecuada a las necesidades de salud y sociales de las personas con una patología crónica compleja.

 

La justificación de la necesidad de abordar los problemas de salud mental de las personas que sufren enfermedades crónicas, comprende varios factores: en primer lugar el elevado riesgo para estos pacientes de sufrir trastornos de ansiedad o depresión. Otro factor sería la alta comorbilidad dado que los problemas de salud mental interactúan con los síntomas físicos del paciente y, por último, porque la desatención del sufrimiento psicológico complica la sintomatología física y aumenta el número de visitas al médico.

 

 

Miguel Pérez, psicólogo y professor de la Facultad de Ciencias de la Salud del campus Manresa de la UVic-UCC